Desembarcando en lugares comunes
(se fue)
Cómo dejo que mis hojas vaguen si no hay un viento arrasador que se las lleve.



Lectura Poética este 18 de Marzo en la Casa de la 9
Que siempre haya un pretexto
La memoria a la orilla de los actos
Celedonio Orjuela
Colección Casa de Poesía
Costa Rica
2007
45 páginas
Breve antología de la obra poética de Celedonio Orjuela Duarte (Líbano, Tolima, 1956), esta selección sirve de muestrario extraterritorial de la nueva poesía colombiana –fue parte del Festival Casa de Poesía San José de Costa Rica-, a la vez que da testimonio puntual de un trasegar de más de 20 años de ardua experimentación literaria. Se diría que el júbilo creciente ante su obra tiene que ver más con los elementos y su puesta en escena que con la construcción vertebral del poema. Sus textos son un juego de sintaxis entre lo apolíneo y lo dionisiaco.
Los presuntos sociales son su estrategia oculta y un persuasivo paganismo aquello que aleja a su poesía del decir pial y de la enunciación escueta: allí la música y el hombre contemporáneo escarcean en su cotidianeidad sabiendo que se camina sobre la historia, la realidad y el mito, caso concreto de la novela Dónde estará la melodía. Digamos que esta mención no es gratuita, no por nada se aduce ese asunto musical en el verso que da nombre a la presente antología. Como pretexto, la música es un río que acompaña las desgracias humanas, cosa que me recuerda una novela de Adelaida Fernández Ochoa, Que me busquen en el río, testimonio cruel sobre la violencia en el sur del país a orillas del río Cauca. La metafísica de La memoria a la orilla de los actos bebe de aquel funesto panorama, aunque, a su vez, el pasado o los paradigmas del hombre le sirvan para ironizar o socavar en otras bajezas de la memoria colectiva. Aquí un fragmento del poema “Solo comen los insectos”:
En las riberas de los ríos
En los campos
Solo comen los insectos
Anémicas manos
Permanecen encadenadas en camándulas
Mientras se derrite la cera de las lágrimas en los cirios…
Este espacio real es también un paisaje maldito. En orjuela se escuchan ecos de Georg Trakl -“las águilas nefastas”- y de François Villon, su amado bandido, al tiempo que una pieza medieval o algún danzón a media noche, embebido de licores insanos, anuncia el horror del tiempo. Ejemplo de poemas como “La bailarina”:
…Podría ser el tiempo de Degas o más allá
Se oye una música antigua y se repite
En la noche de la mujer hija del aire
La telilla se desliza y descubre
Sus formas en la calle del eco
La calle tiembla y el sudor mana
Orestes y narciso podrían llorar y enloquecer de nuevo…
Después del deseo, el trasunto onírico de buena parte de su poesía resuena dentro de cada texto como una leyenda siempre extemporánea, esa “mujer sola con la noche / herida de mutismo a la espera del soñador / que llega en su pesada bestia negra”, las mujeres ancestrales y comunes que “bajan de las cuestas, se cambian los zapatos en las fondas inventando un traje”. Se sabe que la fórmula es la idea hecha imagen dentro de la memoria, que, en honor a los retruécanos del olvido, aparece en la memoria confundiéndose con miles de arteras y disímiles imágenes ajenas. Esas fotografías detenidas, palabras que, según la confesión de Orjuela Duarte, “me llevan y me traen por las cosas”.



Función política de la poesía
Por Mauricio Contreras Hernández
¿La poesía tiene una función política? Esta es otra manera, quizás prosaica, de formular esa pregunta que, desde Hölderlin, inquieta a los creadores y que constituye la esencia de la poesía moderna. Es decir, desde que el poeta dejó de ser el florero de salones burgueses y Baudelaire salió a la calle a buscar la belleza. El resto es literatura. Y ya sabemos que don Antonio Gamoneda afirma que la poesía no es literatura, es una realidad en sí misma.
Esta pregunta invierte la perspectiva de un yo romántico que se interroga ¿para qué poetas en tiempos de miseria?, o de la búsqueda de una razón efectiva que tras el horror se pregunta ¿para qué poesía después de Auschwitz? Cuestionamiento que hostiga permanentemente su ejercicio como legión de moscas tras una miel que suponen nutricia.
En cuanta ocasión se hace pública, esta pregunta se instala como formulación de la ingenua periodista que cubre las noticias culturales para la sección de farándula, o como exigencia de compromiso por parte de organizadores de festivales que quieren firmar manifiestos, o como indagación fácil en un país atribulado por la guerra, o como caldo de agujas para alimentar la rabia frente a la indignidad que se regodea en muchos casos, a expensas de ideologías complacientes.
Frente a esta pregunta, respondo no. La poesía no tiene ninguna función política. Pregúntenle al panadero por su pan, o las piedras que florecen saxígrafas, o a la rosa que floreció en el sueño del poeta. O a cualquier forma de expresión que pretende acercarse a eso indecible que no es, precisamente, la moderna ilusión comunicativa.
Quizás, por esta vía, nos acerquemos a la experiencia trágica de los griegos, lugar donde el "yo"social se quiebra y ya no sabe quién es, y que nosotros, como lo advierte Carlos Fuentes, no hemos logrado elaborar para superar las catástrofes que nos constituyen.
Otro asunto son las relaciones que establece el poeta, como todo ser humano, con su tiempo. Cuando se vive en medio de la indignidad producto de una tradición excluyente, de una moral como hidra de seis cabezas, no es necesario ir a buscar nada donde nada hay. Y menos aún invocar a la poesía como a la sibila de Cumas, como al asesor de turno, que desde hace bastante tiempo no nos dice nada porque no sabemos preguntarnos.
La poesía permanece muda, como diría Celan, pero próxima y accesible. ¿Para qué invocar palabras en medio de tanto alboroto, de tanto grito al aire? Quizás alguien, poeta o no, encuentre la poesía y en su trato con ésta, quizás, algo, como chispa sagrada se agite, se encienda. Y es aquí donde retorna como problema político, expresada como imposibilidad de la tragedia
Una transformación que muestre la fragilidad de lo individual podría ser una respuesta. Hemos creído, a pie juntillas, eso del amor al prójimo, y eso de que la democracia es la voluntad de la mayoría, la voz de dios que ahora pareciera ser la voz de las encuestas. Ésta no se manifiesta, últimamente, a pesar de tanta promiscuidad tecnológica que pretende alcanzar ese cielo color de lejanía.
Una verdadera democracia, esto lo descubrieron los griegos aunque luego lo pervirtieron muchos de sus generales esgrimiendo la fuerza del poder ante la razón de los argumentos, se basa en una comunidad de personas donde lo individual es fuerte gracias a su experiencia del otro como inaccesible.
Una individualidad fuerte porque es capaz de mirar de frente a ese animal terrible, una individualidad que pregona "el pensamiento desinteresado", una individualidad que es capaz de enfrentar la diferencia sin creer que es un monstruo, una individualidad que ha salido de la caverna y tanta luz cenicienta no la ciega, una individualidad fuerte porque es capaz de optar y decidir en medio de un agitado mar de sirenas, una individualidad que sólo pretende ser "mala conciencia de su época".
La poesía avanza en contra de sí misma y la democracia tendría mucho que aprenderle si entiende que, aún ella misma, se erige como versión institucional contra ese miedo a las masas, a lo incontable. No de otra manera entiendo los reclamos, nada seductores, de quienes han hecho de la indignidad nuestro sustento.
Así, la poesía sólo es constatación de que nos constituye eso indecible que, extrañamente, nos acerca. La poesía, posibilidad de un orden otro frente a las gramáticas reguladoras de ese vacío de sentido, del mundo como espacio del permanente malentendido. O como nos propone Char, rebelde por siempre, "el poeta es el barquero de todo esto que forma un orden. Y un orden insurrecto".
* Poeta y traductor. Premio Nacional IDCT, 2005
Somos unos caracoles bajo ésta lluvia sentados en la banqueta

Te amo de todas las formas
Penúltimo intento, no último, sería arriesgado
Y entonces... me dije: Yohanna
control mental, si pudiste pasar
una puebra de alcoholismo,
difícil no te será leer ante
tantas personas.
Entrega de poemarios
Y qué tal.. Yo con mi
Poema " Yoh/Ismo"
Y el Cristo atrás....
Y ya para terminar
en el Instituto México
¿Ironías de la vida?
(Ni madres, jaja)
Por qué leer con Usted
(De nuevo)
Neta, no quedaba más que reír.
Las fotos continúan abajo...
Necesaria pausa, para tanto recuerdo.
Soy una pista de carritos de Hot Wheels, eso lo asegura la imaginación de mi hijo. Las llantas pequeñas y rasposas recorren mis brazos, el combustible es inagotable, la única esperanza de que ese auto cambie de ruta, será esperar a que encuentre en algunos años una pista nueva y con más curvas, entonces el pequeño Robert reflexionará, dejará los carritos y se dedicará a caminar-observar con absoluta sabiduría.
Baja la mano entre mis piernas
Pasa-manos
en tu cuerpo
Dos veces las miradas
pasitos ligeramente se acercan
duendecillos de los bosques
Tres veces la lengua salio a respirar
entre la cueva inaccesible por las noches
baja mas y tendrás una tremenda idea
de lo que es mojarse sin la humedad de la selva
Pasa- manos
lengua tuya
ojos dentro
calla
calla
calla
(aquí en este lugar con moho y salamandras saltando)
detén en el centro tus dedos
gíralos con el mundo lentamente
seré coherente al movimiento de las palmas
y una angustia
perfectamente autodidacta
hazme el amor
bajo esta calumnia de quererte
y después por favor
tirate del puente Coronado
(eso si tienes visa)
Entonces cuando tu cuerpo
vaya entrando al mar sin permiso
y tragues el agua salada
y tus pulmones estén por explotar
y hagas de su mar azul
un rojo forzado
despréndete de mí
elévate
quita las cadenas del piso
abre las alas que no utilizaste
cuando te lanzabas
(eso si tienes fastpass al cielo)
por lo tanto, no te preocupes
que te miraré hasta el último momento
el canal 6 de San Diego te seguirá los pasos
(eso si no hay persecución en otro lugar)
Cerraré los ojos ahora
y me dejaré llevar entre tus manos
(eso solo si te quedas)